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¿Qué me ha dicho el balón?

La comunicación intercultural en un mundo globalizado deja de ser una simple actividad social y se transforma a un reto y, a la vez, una responsabilidad. El impacto del deporte en general en las sociedades modernas es el fenómeno cultural cualitativo más relevante que demuestra la madurez de una sociedad y la fortaleza de su economía, y cuando hablamos de futbol estamos conscientes que se trata de un leguaje global por excelencia.



Cada cuatro años vivimos una experiencia multifacética con cada Mundial, choques culturales, opiniones, entretenimiento y prácticas sociales. El Mundial de Futbol está lleno de tensiones, y cuando se trata del primero en Medio Oriente ¡la tensión sube al máximo! Justo ahí viene el reto más atractivo para un comunicólogo: ¿Cómo vivir y hacer vivir la experiencia única de las articulaciones que genera el nombre de Qatar en torno al balón?

Lo interesante en la actividad mediática en un Mundial es la expansión que tiene; no necesitas ir a uno para vivir el intercambio cultural, simplemente siéntate frente a tu televisor o revisa las redes sociales y todo va a llegar hacia ti. Es interesante pero a la vez complejo. El reto vuelve imposible de controlar porque los canales de transmisión para un Mundial son infinitos, y en muchos de ellos no se puede garantizar de forma absoluta la pureza de la información.

Para mí ha sido claro desde el principio que estar en la esfera de comunicación de un Mundial es una tarea sumamente difícil. En primer lugar, cómo puedo mostrar que la globalización tiene un lado positivo, siendo una oportunidad para conocer otras culturas, valorar la cultura propia y vivir desde México el primer Mundial en el mundo islámico.

Por otro lado, es vital establecer cimientos inmovibles para lograr que el reto llegue a un buen resultado: el primero es respetar ambas culturas, la qatarí y la mexicana, y sus diferencias; el segundo es buscar el lenguaje correcto para comunicarse con la audiencia, un lenguaje lejano de los discursos de odio y favoritismo, tampoco un discurso sentimental que busca únicamente mostrar que todo va a estar bien. Un lenguaje perfectamente realista.

En este mismo contexto, es obvio que el extranjero note, a diferentes grados, varios valores culturales ajenos a los suyos y, en algunos casos, pueden provocar conflictos culturales dentro de sí mismo en forma de choques o malos entendimientos, afectando a su desarrollo profesional y emocional en el país y la forma como se penetra en la sociedad. Dichos choques en un Mundial son más intensos, tomando en cuenta la mezcla entre tantas naciones en un perIodo tan corto de tiempo.

Los conflictos culturales cuestionan formas de vida de las sociedades y se orientan a lograr nuevos modos de convivencia y de interacción social entre las culturas. Por lo anterior, es muy importante que dentro del trabajo de comunicación busquemos generar ciertas habilidades en la audiencia para evitar los prejuicios, y para que un extranjero pueda, no solo sobrellevar las diferencias culturales, sino disfrutarlas y conocerlas a fondo.

Sin duda alguna, la desinformación es un “cáncer” mediático. Desviar la información y reemplazarla con otra errónea fue algo que enfrentamos mucho durante los cuatro años previos a este Mundial. La desinformación puede provocar daños emocionales, sociales e incluso económicos permitiendo fraudes y dejando víctimas como cada torneo deportivo de esta magnitud.

Hagamos este ejercicio: Si queremos analizar la cultura de la muerte en México, descubrimos de forma muy íntima que para el mexicano la muerte tiene que tener un sentido, si la muerte carece de un sentido entonces la vida es igual. Según Octavio Paz, si en otras culturas del mundo no pronuncian la palabra “muerte” por su mala vibra, el mexicano la frecuenta, la burla, la acaricia y duerme con ella.

De acuerdo al anterior ejemplo, con esta misma mentalidad hay que ir a Qatar, pensando que cualquier manifestación cultural tiene un “sentido” muy profundo para los locales, que como extranjeros tendremos que respetarlo, y sería fenomenal buscar ese sentido, vivirlo, abrazarlo y disfrutarlo.

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